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Sones y Danzones

 

El disco:

Sones y danzones, reune diversas piezas de danza que sirven como inmejorable muestra del exuberante panorama rítmico y melódico de España y Latinoamérica.

Contiene:

1. Luis Gianneo: Dos danzas argentinas.
2. Luis Gianneo: Segundo trío.
3. Leo Brouwer: Sones y Danzones.
4. Isaac Albéniz: Tango.
5. Enrique Fernández-Arbós: Habanera.
6. Astor Piazzolla: Oblivion.
7. Astor Piazzolla: La Muerte del Ángel.

Ref: ENY 9821

Duración [74'18'']

Notas al CD:

SONES Y DANZONES: DIÁLOGOS DE ULTRAMAR

Guillermo Cabrera Infante nos recuerda que Volver es el título del más famoso tango argentino. En efecto, las contradanzas, los sones, los danzones, las habaneras y los tangos son músicas de complicado y ajetreado periplo viajero. La contradanza tiene su origen en la country-dance inglesa de donde pasa a Francia y de ahí al Caribe por vía haitiana; los esclavos negros la llevan a Cuba tras la rebelión de 1791. De la contradanza cubanizada en dos por cuatro surgieron la danza, la habanera, y el danzón con sus consecuentes más o menos híbridos. El cubano Manuel Saumell (1817-1870) reunió en su finísima obra los elementos rítmicos y melódicos característicos de estos géneros donde, según el gran Alejo Carpentier, se encuentran ya fijados, antes de haber transcurrido la primera mitad del siglo XIX, los perfiles y giros que dieron cuerpo, bajo diversos nombres y paternidades más o menos contestadas, al conjunto de patrones que alimentaría la cubanidad de un amplísimo caudal de música producido en la isla. En sus Sones y Danzones de 1992, el cubano Leo Brouwer (1939) rinde homenaje a la rica tradición musical afro-cubana y a su aglutinador, Manuel Saumell, con una música ecléctica y fresca, cargada de fantasía y humor. El son, el danzón, la contradanza, la habanera y el zapateado aparecen en la cita literal de Saumell (sus populares La niña bonita, o Los ojos de Pepa), en la desaforada inventiva de Brouwer (la plácida habanera del tercer movimiento es interrumpida violentamente por un violento autorretrato sonoro también en tiempo de habanera), o el delirante anacronismo de la Contradanza sonera donde Saumell visita a Shostakovich imponiendo su dulce ritmo punteado al hermosísimo segundo tema de su quinta sinfonía. La habanera, hija de la contradanza y originada entre los negros de La Habana, de donde pasó a Cádiz, es la segunda de las Trois pièces originales dans le genre Espagnol op.1 que fueron escritas alrededor de 1886 durante la estancia de Enrique Fernández Arbós (1863-1939) en Berlín.

El propio Arbós cuenta en sus memorias como el célebre pianista y director Hans von Bülow gustaba de interpretar estas piezas en sus visitas a casa de Joseph Joachim, entonces su maestro de violín. Esta lánguida habanera de rico tratamiento armónico y brillante escritura instrumental fue probablemente interpretada entre los años 1891 y 1894 en las diversas giras que por el Reino Unido llevaron a cabo el trío formado por el violinista Enrique Fernández Arbós, el cellista David Popper, e Isaac Albéniz al piano. El Tango op. 165 no. 2 de Isaac Albéniz forma parte de la colección "Seis hojas de álbum". Pieza escrita originalmente para piano sólo, aunque también se popularizase en una recargada adaptación pianística de Leopold Godowsky, ha sido sometida a numerosas transcripciones entre las que se encuentra esta curiosa adaptación para trío clásico de Karl Rissland, publicada en Boston en 1918. A pesar de su título, se trata de una deliciosa y seductora habanera. Cabrera Infante también nos advierte de que "en el tango se oye una habanera distante". Este es el caso del tango de arrabal que se escucha en el segundo movimiento del Trío del compositor argentino Luis Gianneo (1897-1968). La obra de Gianneo, uno de los grandes representantes del nacionalismo musical argentino junto a Ginastera, articula su lenguaje en torno al folklore de su país apoyado por un impresionante oficio compositivo. En su Segundo Trío de 1943 (se desconoce el paradero del Primer Trío), aparecen los ritmos de pericón, tango e incluso de habanera, ligados de manera ejemplar por un armazón estructural de corte neoclásico. Junto a sus Dos danzas argentinas para trío, esta obra es sin duda uno de los pilares de ese legado musical iberoamericano que pide a gritos ser rescatado del olvido. Sincretismo cultural y renovación se dan de nuevo la mano en la obra de Astor Piazzolla (1921-1991), cuyas composiciones son ya clásicos del tango moderno. Nacido en Mar del Plata, Argentina, Piazzolla pasó su niñez en Nueva York. Allí inició sus estudios que luego continuaría en París con Nadia Boulanger, elaborando un lenguaje muy personal caracterizado por sus cautivadoras armonías y marcados ritmos. José Bragato, cellista argentino que colaboró durante años con Piazzolla, adaptó para trío clásico sus populares Oblivion y La muerte del Ángel. El ritmo de milonga de la primera pieza, lánguida habanera sincopada, ratifica el estrecho parentesco que une a las músicas americanas contenidas en este CD. Habanera madre del tango que escribe Jorge Luis Borges en su Historia Universal de la Infamia, y también prima hermana del son, del danzón, de la contradanza, de la rumba, de la guaracha, de la conga y hasta del mambo.

Juan Carlos Garvayo